
A las 11:45 de un viernes por la noche, Emily Carter estaba intentando terminar una noche normal.
O al menos eso pensaba.
Estaba en el baño de su apartamento, con champú todavía en el cabello, cuando su teléfono comenzó a vibrar.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Cuando miró la pantalla y vio el nombre de Marco Ricci, supo inmediatamente que algo no estaba bien.
Marco no llamaba a esas horas.
No era un hombre que interrumpiera la noche de alguien sin una razón.
Durante los dos años que Emily había trabajado para él, había aprendido muchas cosas.
Había aprendido cuándo necesitaba silencio.
Cuándo una reunión había salido mal.
Cuándo alguien había cometido un error.
Y cuándo la calma de Marco significaba que algo importante estaba ocurriendo.
“¿Señor Ricci?”
Hubo una pausa.
“Emily.”
Solo escuchar su voz hizo que ella se pusiera más alerta.
“Necesito que vengas a mi oficina.”
No explicó nada.
No dio detalles.
Simplemente terminó la llamada.
Emily se quedó mirando el teléfono durante unos segundos.
Podía haber ignorado la llamada.
Podía haber esperado hasta la mañana.
Pero conocía demasiado bien a Marco.
Cuando él decía “ahora”, significaba ahora.
Llegó al penthouse poco después.
No estaba vestida como alguien que esperaba una reunión importante.
Su cabello seguía húmedo.
Sus zapatillas no combinaban.
Llevaba ropa cómoda.
Y eso la hizo sentirse incómoda porque, aunque no quería admitirlo, todavía le importaba cómo Marco la veía.
Era una contradicción que llevaba demasiado tiempo escondiendo.
Porque Marco Ricci no era solamente su jefe.
Era el hombre del que se había enamorado en secreto.
Dos años de sentimientos guardados.
Dos años de fingir profesionalidad.
Dos años recordándose a sí misma que él era una persona fuera de su alcance.
Marco tenía una reputación complicada.
Era dueño de restaurantes.
Clubes.
Edificios.
Empresas.
Su nombre tenía suficiente peso para cambiar conversaciones.
Había personas que lo consideraban peligroso.
Pero Emily había visto otra versión.
La versión que enviaba flores a su madre cada domingo.
La versión que cuidaba de sus empleados.
La versión que no permitía que alguien poderoso humillara a una persona con menos influencia.
Esa contradicción era precisamente lo que hacía que fuera tan difícil mantener distancia.
Cuando entró en su oficina, Marco fue directo al punto.
Su madre cumplía setenta años.
La familia se reuniría en los Hamptons.
Y como ocurría cada año, ella volvería a preguntarle por matrimonio.
Por hijos.
Por una mujer especial.
Emily intentó tomárselo con humor.
Pero entonces Marco reveló algo inesperado.
Le había dicho a su madre que estaba saliendo con alguien.
El problema era que esa persona no existía.
Y ahora necesitaba que Emily interpretara ese papel.
Que fuera su novia falsa durante una semana.
Para cualquiera habría sido una propuesta extraña.
Para Emily era mucho más complicada.
Porque actuar como si amara a Marco sería sencillo.
Lo difícil sería regresar después y fingir que no sentía nada.
Intentó entender por qué la había elegido.
Había muchas mujeres que podían encajar en la imagen de una pareja perfecta para Marco Ricci.
Mujeres con familias conocidas.
Mujeres acostumbradas a ese mundo.
Entonces él respondió.
“Porque eres la única mujer que mi familia podría creer que amo.”
Esa frase cambió todo.
Emily no sabía si había escuchado una estrategia.
Una petición.
O una confesión escondida.
Aceptó.
Se dijo que era por ayudarlo.
Que era solamente una semana.
Que no significaba nada.
Pero cuando llegaron a los Hamptons, descubrió rápidamente que la familia Ricci observaba más de lo que decía.
Su madre era amable.
Demasiado amable.
Sus hermanas eran educadas.
Pero sus preguntas eran precisas.
Parecía que todos estaban intentando descubrir algo.
Y entonces ocurrió lo inesperado.
La madre de Marco la llamó por su nombre completo.
No por el nombre profesional que usaba en la oficina.
Por el nombre que pocas personas conocían.
Emily sintió que algo estaba mal.
Porque una familia no descubre esos detalles por casualidad.
Y mientras la semana avanzaba, comenzó a preguntarse si Marco realmente la había elegido solo para mantener una mentira.
O si había una verdad mucho más profunda detrás de aquella petición.
Porque algunas actuaciones terminan revelando exactamente lo que las personas intentan esconder.
Y Emily estaba a punto de descubrir que fingir ser la novia de Marco Ricci podía ser mucho más peligroso que admitir que estaba enamorada de él.