na Madre Soltera Encontró una Cría de Vampiro Atrapada en la Niebla… Cuando Decidió Salvarla, el Rey de las Sombras Apareció en su Ventana y Pronunció un Juramento que Cambiaría su Vida para Siempre

PARTE 1
La neblina cubría las calles de Xochitlán como un sudario.
Jimena avanzaba abrazando a Mateo, su hijo de cinco años, mientras el frío atravesaba su ropa gastada. Tenía veintiocho años, ningún dinero ahorrado y demasiadas cicatrices que explicar.
Había huido con Mateo después de que el padre del niño, un hombre violento y borracho, amenazara con llevárselo.
Jimena prefería dormir bajo un puente antes que permitirlo.
Terminaron refugiándose en El Cuervo Negro, una posada vieja donde Jimena lavaba platos a cambio de unas monedas y una habitación diminuta.
Aquella noche Mateo tenía fiebre.
—Mañana estaremos mejor —le prometió Jimena, aunque ya no sabía si seguía creyendo sus propias palabras.
Lo cubrió con una manta y se acostó.
Entonces escuchó un gemido en el callejón.
No parecía humano.
Jimena intentó ignorarlo.
No pudo.
Tomó un cuchillo oxidado y salió.
Bajo la luz plateada de la luna encontró una pequeña criatura atrapada dentro de una red de hierro cubierta de espinas.
Su piel era pálida.
Tenía pequeños colmillos.
Dos alas membranosas estaban heridas y una sangre casi negra caía sobre las piedras.
Jimena sintió que el corazón se le detenía.
Una cría de vampiro.
Las historias del pueblo decían que cualquier criatura sobrenatural encontrada en territorio humano debía ser destruida.
Pero cuando aquellos ojos rojos miraron a Jimena, ella no vio un monstruo.
Vio a un niño aterrorizado.
—Tranquilo —susurró.
Comenzó a cortar la red.
La criatura siseó de dolor, pero no la atacó.
Cuando finalmente quedó libre, extendió una pequeña mano helada y agarró el brazo de Jimena.
Ese gesto decidió todo.
Ella lo envolvió en su bata y lo llevó a la habitación.
Mateo despertó.
—Mamá… ¿qué es?
—Alguien que necesita ayuda.
Jimena colocó a la criatura junto a él.
Entonces la ventana explotó.
Los cristales volaron por la habitación.
Una enorme figura atravesó las sombras.
Era un hombre alto, de cabello negro hasta los hombros, vestido con un manto cubierto de runas rojas.
Sus ojos parecían brasas.
Sus colmillos aparecieron cuando vio a la criatura herida.
—¿Quién se atrevió a tocar a mi heredero?
Jimena sintió que las piernas le temblaban.
Había escuchado aquel nombre desde niña.
Draven.
Señor de las Sombras.
Alfa de los vampiros de Sierra del Nahual.
Una criatura que había gobernado aquellas montañas durante siglos.
Jimena se puso inmediatamente delante de Mateo y la cría.
—Yo lo encontré.
Draven avanzó.
—¿Lo heriste?
—Lo salvé.
La habitación quedó en silencio.
Draven miró la red cortada.
Después las heridas del pequeño.
Finalmente observó a Jimena.
Ella esperaba que la matara.
En cambio, el vampiro se arrodilló junto a la criatura.
—Iker.
El pequeño se acurrucó contra él.
Por primera vez, la expresión del monstruo cambió.
Había ternura.
Una ternura oscura, antigua, pero real.
—Es el último heredero directo de mi linaje —explicó Draven.
Jimena abrazó a Mateo.
—Entonces llévatelo.
Draven se levantó lentamente.
—No es tan sencillo.
Se acercó.
—Salvaste lo que pertenece a mi sangre.
Tomó suavemente el brazo de Jimena.
Una sensación helada recorrió su piel.
—Por mi linaje eterno, juro que ningún hombre, ninguna criatura y ninguna sombra volverá a tocarte a ti ni a tu hijo.
Jimena retrocedió.
—No necesito que nadie me posea.
Los ojos de Draven brillaron.
—No hablé de posesión. Hablé de protección.
Antes de que pudiera responder, unas voces estallaron en el pasillo.
—¡La viuda escondió al monstruo!
Jimena reconoció al cazador que había colocado la trampa.
Después escuchó más pasos.
Armas.
Mateo comenzó a llorar.
Iker siseó aterrorizado.
Draven mostró los colmillos.
Después extendió una mano hacia Jimena.
—Ven conmigo.
—¿Adónde?
—A las profundidades de Sierra del Nahual.
Los golpes comenzaron contra la puerta.
—Si permaneces aquí, matarán a Iker… y probablemente a ustedes también.
La madera comenzó a quebrarse.
Jimena miró a su hijo.
Después miró al rey vampiro.
Y tomó su mano.
Sin saber que al cruzar aquella puerta no solo estaba huyendo de los cazadores… estaba entrando en una corte donde muchos vampiros preferirían verla muerta antes que permitir que una humana tocara el corazón de su alfa.
PARTE 2
Draven rompió la puerta trasera y los condujo hacia la niebla.
Jimena cargaba a Mateo mientras él llevaba a Iker.
Los cazadores los persiguieron con antorchas, pero la niebla pareció obedecer a Draven, cerrándose detrás de ellos hasta borrar el camino.
Caminaron durante horas.
Finalmente llegaron a una pared de roca cubierta de símbolos.
Draven apoyó una mano sobre ella.
Las runas se encendieron.
La montaña se abrió.
—Entra.
Jimena dudó.
—Aquí nadie te tocará —añadió—. Ni siquiera yo, si tú no lo deseas.
Aquella frase consiguió que cruzara.
Descendieron por escaleras de obsidiana hasta una ciudad enterrada bajo la montaña.
Vampiros llenaban sus salones.
Algunos tenían ojos brillantes.
Otros manipulaban sombras.
Cuando Draven apareció con Iker, la corte se inclinó.
Pero entonces vieron a Jimena.
El silencio se volvió hostil.
Una vampira de cabello plateado avanzó.
—Alfa… ¿trajiste humanos?
Se llamaba Selene, consejera de Draven.
Sus ojos recorrieron la ropa vieja de Jimena con desprecio.
—El Pacto de Chichenitzá prohíbe que los mortales vivan en nuestras profundidades.
Jimena sintió el mismo dolor que conocía demasiado bien.
En Xochitlán había sido la mujer abandonada.
La madre soltera.
La que debía avergonzarse.
Ahora era simplemente la humana indigna.
Draven levantó la mano.
—Jimena salvó a Iker.
Su voz resonó por todo el salón.
—Ella y Mateo están bajo mi juramento.
Selene apretó los labios.
—Tu compasión puede destruirnos.
—No es compasión. Es honor.
Iker fue colocado junto a una fuente de sangre ancestral.
Después de beber, sus heridas comenzaron a cerrarse.
Cuando recuperó fuerzas, la pequeña criatura extendió los brazos hacia Jimena.
La corte entera lo vio.
Draven también.
—Te eligió —murmuró.
Selene no ocultó su odio.
Pero obedeció.
Por el momento.
Draven condujo a Jimena y Mateo hasta unas habitaciones protegidas.
Allí explicó que podía reforzar su juramento mediante un antiguo lazo de sangre.
—No te convertirá —aclaró—. Seguirás siendo humana.
—¿Entonces qué hará?
—Permitirá que sientas cuándo estoy cerca. Y yo sabré si estás en peligro.
Jimena miró sus cicatrices.
Toda su vida, los hombres que prometieron protegerla habían terminado lastimándola.
—¿Y si digo que no?
—Entonces será no.
La respuesta la sorprendió.
Antes de decidir, Selene irrumpió.
—Los clanes están rebelándose.
Detrás de ella aparecieron dos guardias.
—Dicen que la humana atraerá a los cazadores. Exigen que ella y el niño sean entregados.
Draven se interpuso inmediatamente.
—Jimena se queda.
Selene levantó un antiguo medallón de hueso y rubí.
—Entonces demuestra ante todos que estás dispuesto a arriesgar tu corona por ella.
Jimena vio a Mateo dormido.
Después vio a Iker.
Y comprendió que huir ya no resolvería nada.
—Haré el ritual.
Draven la miró sorprendido.
—Jimena…
—No por ti.
Levantó la barbilla.
—Por los niños.
Draven cortó su palma.
Jimena bebió una sola gota.
El mundo explotó dentro de ella.
Vio siglos de recuerdos.
Draven siendo traicionado.
Draven convirtiéndose en algo oscuro.
Draven aprendiendo que amar significaba ofrecer a otro la oportunidad de destruirte.
Y él vio los recuerdos de Jimena.
Los golpes.
El miedo.
Las noches protegiendo a Mateo.
La vergüenza que otros habían colocado sobre sus hombros.
Cuando el ritual terminó, ninguno podía esconderse del otro.
Selene retrocedió horrorizada.
—Esto será nuestra ruina.
Se marchó.
Pero poco después las paredes temblaron.
La rebelión había comenzado.
En el salón del trono, Selene reunió a varios clanes contra Draven.
—¡Nuestro alfa ha sido hechizado por una humana!
Sombras plateadas aparecieron alrededor de ella y atacaron a Mateo e Iker.
Jimena reaccionó instintivamente.
Extendió las manos.
El vínculo con Draven respondió.
Una llamarada roja atravesó sus venas.
Las sombras de Selene se quemaron.
Toda la corte retrocedió.
—Tiene el don del Alfa —susurró uno de los ancianos.
Draven atacó a Selene y descubrió, mediante su sangre, que ella llevaba años conspirando con los cazadores humanos para quitarle el trono.
Selene fue desterrada.
Pero la amenaza no terminó.
Los cazadores ya estaban entrando en la montaña.
Y Selene regresó con ellos.
Esta vez la batalla estalló alrededor del trono.
Sangre humana y vampírica cubrió el suelo.
Jimena escondió a Mateo e Iker detrás del trono mientras Draven luchaba.
Entonces escuchó su voz dentro de su mente.
—Pelea conmigo.
Jimena levantó las manos.
Hilos de energía roja surgieron de sus dedos y atraparon a Selene.
La traidora gritó.
—¡Tú no eres nadie!
Durante toda su vida Jimena había creído exactamente eso.
Una mujer sin valor.
Una madre despreciada.
Una víctima.
Pero ya no.
—Me llamaste indigna —respondió—. Tal vez alguna vez lo creí.
Los hilos se cerraron alrededor de Selene.
—Pero ahora sé algo que tú nunca entendiste.
Jimena miró a Mateo.
Después a Iker.
—Soy digna de proteger lo que amo.
El poder ancestral reaccionó.
Selene se convirtió en polvo plateado.
Los cazadores se quedaron paralizados.
Draven avanzó hacia ellos cubierto de sangre.
Podía haberlos destruido.
No lo hizo.
—Regresen a Xochitlán.
El líder de los cazadores cayó de rodillas.
—Digan que el pacto ha sido restaurado. Los humanos respetarán las fronteras y nosotros respetaremos las suyas.
Los supervivientes huyeron.
Las runas de la montaña volvieron a encenderse.
La rebelión terminó.
Uno a uno, los vampiros se inclinaron ante Draven.
Después, para sorpresa de Jimena, también lo hicieron ante ella.
No porque fuera inmortal.
No porque fuera poderosa.
Sino porque había protegido al heredero y salvado a la corte.
Draven se acercó.
—Cuando te conocí pensé que eras una humana imprudente.
Jimena sonrió cansada.
—Y yo pensé que eras un monstruo arrogante.
—Probablemente ambos teníamos razón.
Ella soltó una pequeña risa.
Draven levantó una mano, pero se detuvo antes de tocarla.
Esperó.
Jimena entendió.
Él estaba preguntando sin palabras.
Así que fue ella quien cerró la distancia.
Lo besó.
No fue un juramento.
No fue una deuda.
Fue una elección.
Mateo apareció detrás de ellos llevando a Iker de la mano.
Los dos niños reían.
Uno humano.
El otro heredero de una antigua estirpe vampírica.
Hermanos improbables unidos por una noche en la que una mujer demasiado acostumbrada a ser rechazada decidió salvar a una criatura que todos los demás habrían matado.
Jimena observó la corte.
Ya no bajó la mirada.
Había llegado allí como una fugitiva.
Una mujer pobre con un niño en brazos y cicatrices que creía que la hacían menos valiosa.
Ahora sabía la verdad.
Sus cicatrices no demostraban que hubiera sido débil.
Demostraban que había sobrevivido.
Draven rodeó sus hombros con un brazo.
—Este lugar puede ser tu hogar, si así lo deseas.
Jimena miró a Mateo.
Luego a Iker.
Finalmente al hombre inmortal que había prometido protegerla sin exigir poseerla.
—Entonces me quedo.
Y en las profundidades de Sierra del Nahual, entre obsidiana, niebla y criaturas que durante siglos habían vivido en la oscuridad, una madre humana encontró algo que nunca había conseguido en el mundo de arriba.
Un lugar donde ya no tenía que sobrevivir sola.